Anécdotas
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ANÉCDOTAS

Cuando el “Cuchi y Castilla casi “cantan pal carnero”

23 DE MARZO DE 2014 – Por Luis Borelli,
Diario “El Tribuno” (Salta)

 

Cuando Manuel J. Castilla y el “Cuchi” Leguizamón aún no habían compuesto una de sus más célebres creaciones (Balderrama y La Pomeña), casi “cantan pal carnero” -al decir de Martín Fierro-, en un accidente ferroviario. El percance ocurrió cuando, integrando una delegación oficial, viajaban a Antofagasta, Chile.
Todo comenzó el 27 de febrero de 1964, cuando de la Estación Salta partió el tren internacional rumbo a Chile. A bordo iba una comisión oficial presidida por el intendente capitalino Pedro Betella e integrada por funcionarios comunales, legisladores y gente de la cultura. En Antofagasta, participarían de un acto de confraternidad binacional con el alcalde Néstor del Fierro Flores. El tren partió con 150 pasajeros a las 11.05. Lo hizo entre aplausos del público y los sones de la Banda de Música que, a modo de despedida, interpretó “La López Pereyra”.

 

La locomotora, una vaporera Skoda 1.300, impecablemente negra lucía en su miriñaque dos banderas cruzadas: la chilena y la nuestra. La formación, en veinte minutos llegó a Cerrillos, luego a Rosario de Lerma, Campo Quijano y la Quebrada del Toro. Al anochecer arribó a San Antonio de los Cobres donde paró más de una hora.

Hacía frío y una luna inmensa aclaraba la noche puneña. A todo esto, en el coche comedor viajaban “confraternizando” integrantes de la comitiva. Por ejemplo “Pancho” Alvarez Leguizamón, José Koss, Pedro Betella, José Buccianti, Gustavo “Cuchi” Leguizamón, Manuel J. Castilla, César Perdiguero, Abraham Rallé y Juan Ovalle, más los enviados de El Tribuno, José Dib Ashur y Antonio Magna.

 

Qué pasó con el maquinista
Había estado bebiendo desde temprano ante numerosos testigos. Por la noche, personal del comedor no quiso expenderle alcohol y en San Antonio, la comitiva lo denunció ante Gendermería y el Jefe de Estación, quienes prometieron hacer algo, pero quedaron en eso nomás. Finalmente en la Estación Salar de Pocitos tomó la conducción del tren y 10 kilómetros más adelante (KM 1454/500), en una curva ascendente, volcó por exceso de velocidad, a 321 kilómetros de Salta y una temperatura varios grado bajo de cero. Muertos, heridos e ilesos
La tragedia del Salar de Pocitos dejó cuatro muertos, uno de la comitiva.

Tres fallecieron instantáneamente y uno en el hospital. Hubo 30 heridos; entre ellos, cuatro de la comitiva: intendente Pedro Betella, concejal Abraham Rallé, diputado Cesar Perdiguero y el funcionario Juan Ovalle. De la comitiva oficial salieron milagrosamente ilesos: Gustavo “Cuchi” Leguizamón, Manuel J. Castilla, José Koss y Francisco “Pancho” Alvarez. Idéntica suerte corrieron los enviados de El Tribuno: Dib Ashur y Antonio Magna.

 

La tragedia

A las cuatro de la mañana, cuando casi todos dormían o trataban de dormir, el tren llegó a la estación Salar de Pocitos. Allí, luego de producirse el relevo del maquinista, el convoy continuó a Socompa, ahora a todo vapor.

“La noche -cuenta Dib Ashur había sido larga. Los viejos coches dormitorios se sacudían tanto que era difícil dormir. El camarote lo compartía con Perdiguero y, dos más allá, estaba “Pancho” Alvarez, apunado y que se quejaba malamente. Cuando salimos de Salar de Pocitos, Perdiguero se dispuso a dormir pero instantes después el tren “galopaba”. El coche saltaba y en eso recordé las palabras de Koss referidas al relevo del maquinista: “Es un asesino con un revolver en la mano”.

Es que el conductor había estado bebiendo todo el viaje y por eso lo habían denunciado ante el jefe de Estación de San Antonio, quien lo dejó seguir pensando quizá, que en 4 horas más se le pasaría la borrachera. “Pensé en mi familia -continúa Ashur- mientras el tren surcaba el salar a una velocidad inusitada. Y grité ‘Che Perdiguero, vamos a volcar si seguimos así…’, y al momento ocurrieron los hechos.

El vagón, lanzado a gran velocidad, se ladeaba peligrosamente; entonces me tomé de la cabeza y escuché un golpe tremendo. El coche dió un tumbo y volcó parcialmente sobre un montículo de tierra. Lo primero que hice fue preguntar por Perdiguero que había dado contra el lavatorio. Al comprobar que estaba bien, rompí la puerta y salí del camarote. Quería saber cómo estaban los demás y comencé a gritar sus nombres. Me respondieron los que estaban cerca y ello me retranquilizó. Vestidos a las apuradas recorrimos otros camarotes y comprobamos, a la luz de la luna, la inmensa tragedia. Los gritos y pedidos de socorro comenzaron a escucharse a lo largo de casi todo el convoy. No había agua para beber y limpiar las heridas ya que el coche comedor se balanceaba al borde del precipicio. La gente de la zona que iba en el tren era la que mejor colaboraba.

En tanto, en lo alto, una espléndida luna colaboraba en esos momentos difíciles. El instante del vuelco no había durado 5 segundos”, concluyó el enviado de El Tribuno.

EL CUCHI Y EL SURUBÍ A LA NARANJA

 

De las habilidades gastronómicas repentinas del Cuchi, cuenta Hugo Riera: «Cocinaba una barbaridad. Un día, cuando yo vivía en la calle Santa Fe.

 

“Me cayó con un surubí en rodajas y me mandó a comprar pomelos y naranjas. ¿Es para el postre? le pregunté”. ‘Esperá y ya vas a ver’ me dijo, mientras se remangaba y se aprestaba a preparar el extraño plato”.

 

Ponía debajo de la fuente unas rodajas de naranja, luego surubí y así sucesivamente. Me acuerdo que salió un manjar».

 

                                                                                                                                                                                              Hugo Riera (uno de los hijos de Juan Riera).

Un locro lunar con poetas y artistas de toda laya y estirpe.

El típico plato, a base de maíz, zapallo y poroto convocó a 300 artistas.
Por Luis Borrelli para el Diario ËL TRIBUNO” (Salta), 21 de julio de 2019.

Aspecto de la cena “Locro de la Luna” en el salón del Centro Argentino.

 

Aquí en Salta, sabemos que el locro es una comida típica. Y como es habitual por estas tierras del norte, con una comida -en este caso típica- solemos celebrar acontecimientos importantes. Y así fue que en vísperas de la llegada del hombre a la Luna, es decir la noche del 19 de julio de 1969, aquí en Salta se organizó el Locro de la Luna. Iniciativa del poeta Manuel J. Castilla, miembro ilustre de Los Inmortales. Y a decir verdad, en Salta fue el único lugar del país donde, para celebrar tan importante acontecimiento, se reunieron artistas de toda laya, para compartir un plato típico y nacional: el locro.
Y fue cuando la ciencia y la técnica yanquis hicieron posible que el hombre ponga, por primera vez en la historia de la humanidad, un pie sobre el polvo selenita. En consecuencia, estaban dadas todas las condiciones para que aquella noche tan especial, un grupo, bajo el auspicio de “Los Inmortales”, alunicen en el Centro Argentino, para saborear un locro interplanetario y harto “ripioso”.

Y así fue que conjuntamente con la exquisita expresión gastronómica, hubo otros tipos de manifestaciones intelectuales: la poética, la plástica y la musical. Artes estas que se entronizaron luego para dar lugar a una cacharpaya henchida de fe y esperanza, y donde se rogó que al otro día (20/07/1969) se concrete el arribo de los tres astronautas (es decir de dos) a la Luna y pisen por primera vez, la superficie lunar.

 

Lanzamiento del globo “fatto in casa”, de Julio Espinoza.
La velada
Es decir que aquella vez, a las 21.30, en el Centro Argentino, se reunieron todos los artistas salteños para dar su fallo a la proeza científica de mayor envergadura hasta ese entonces. Y para que reciten algo del último arrebato humano en pos del descubrimiento de antiguos misterios que hoy hemos logrado desentrañar, aunque sea en parte, como siempre.

 

Crónica de la locreada
“Y el Locro de la Luna se realizó tal cual lo programado -dijo El Tribuno-. Los Inmortales cumplieron con la cacharpaya de Selene en nocturna vigilia de la hazaña espacial más grande de todos estos tiempos. Poetas, músicos, pintores y bohemios de Salta se reunieron para el simbólico y folclórico homenaje a los tres autores de la portentosa aventura humana. Y hubo un lleno completo -unos 300 comensales- en los salones del Centro Argentino, donde tienen su refugio Los Inmortales, secta cacharpayera que lleva veinte años de celosa vigilia junto al amable vino, al generoso asado y al platillo de coca y bicarbonato. Esa es la noticia y lo que vemos son las fotografías del insólito suceso.
Hubo calificadas presencias. Desde don P. Martín Córdoba a Angel Aliberti, pasando por Francisco “Pancho” Álvarez Leguizamón, Gustavo “El Poncho” Marrupe, Antonio Vilariño, Roberto Maehashi, Antonio Yutronich, Buby Martín, Luis Pretti, Antonio Neri Cambronero, Hugo Román, Simón Arapa y muchísimos nombres más, unidos en este singular homenaje.
Y desde luego, la velada contó con el aporte lírico de los poetas que entregaron sus mejores versos a la Luna. Allí dijeron sus cosas Miguel Ángel Pérez, Jacobo Regen, Benjamín Toro, Carlos Hugo Aparicio, Hugo Ovalle, Holver Martínez Borelli, Jorge Díaz Bavio, Leopoldo “Teuco” Castilla, Antonio Vilariño, Raúl Aráoz Anzoátegui, Julio Díaz Villalba, Manuel J. Castilla, Jacobo Regen, Luis Andolfi, Santiago Sylvester, Martín A. Borelli, J.J. Botelli, Gustavo “Cuchi” Leguizamón, Cesar Perdiguero y el canto de Julio Espinoza. Y los ausentes con aviso por viajes terráqueos: Jorge Cafrune, Jaime Dávalos y Eduardo Falú.

 

La cocinera de la Luna
Y damos fe de que el locro estaba exquisito. Por eso a nadie extrañó que doña Dominga de Díaz -su autora- fuera presentada y ovacionada largamente por los lunáticos comensales.

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